
Vengo de donde nacen los idiomas
al otro lado del silencio y de la estatua
y traigo en mis bolsillos las libélulas
que escapan al espejo de las aguas
−más silencios que versos, más preguntas
que dogmas y más dudas que metáforas−
y con ello me siento libre y solo,
domado domador de la palabra.
¡Ah! qué guerra tan íntima, qué guerra,
por pura y transparente, necesaria;
pero asfixia el asombro en el que siempre
desnudo las flaquezas de mi alma:
¿Qué hago con la pólvora que queda
en las manos, después de la batalla?
1 comentarios:
Enhorabuena poeta, por compartirnos sus versos... "domado domador de la palabra", es excelente.
Saludos cordiales desde el Caribe.
Bye bye
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