
Vengo de donde nacen los idiomas
al otro lado del silencio y de la estatua
y traigo en mis bolsillos las libélulas
que escapan al espejo de las aguas
−más silencios que versos, más preguntas
que dogmas y más dudas que metáforas−
y con ello me siento libre y solo,
domado domador de la palabra.
¡Ah! qué guerra tan íntima, qué guerra,
por pura y transparente, necesaria;
pero asfixia el asombro en el que siempre
desnudo las flaquezas de mi alma:
¿Qué hago con la pólvora que queda
en las manos, después de la batalla?
Enhorabuena poeta, por compartirnos sus versos... "domado domador de la palabra", es excelente.
ResponderSuprimirSaludos cordiales desde el Caribe.
Bye bye